“El pacto” José Carlos Valverde (Fragmento adelantado)

A muchos, os sonará este fragmento, aquí os dejo la carta íntegra que nuestro personaje, Julio, deja escrita en sus memorias durante un lance de la historia, espero que os guste…

“… Aquella mañana yo aún no era inmortal, y vi mi último amanecer, lo recuerdo perfectamente, aunque no logro recordar ningún amanecer anterior…

Observé el amanecer en toda su magnificencia por última vez, como si se tratara de la primera, y luego me despedí de la luz del sol y me preparé para convertirme en lo que soy…

-¿Ya te has despedido de la luz?- Susurró el maestro…

En ese instante la poca fibra que quedaba de mi alma se encogió, sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo helado, helado por el miedo…

Denoté sus dedos extremadamente largos y blanquecinos acariciando mi pelo, estaba aterrado, paralizado, casi sin aire…

-Ahora no debes tener miedo… Es un pacto ¿recuerdas?- Susurró

Tomó mi mano con tanta suavidad que casi llegué a creer que flotaba en el aire.

Me levanté turbado, temblando, midiendo cada palabra que mis labios se negaban a salpicar…

-¿Es la hora verdad…?- Titubeé

-¿¡Crees en el amor!?- Gritó. -¿Crees que tu mundo merece una segunda oportunidad? ¿Crees que alguien en esta sucia y despiadada vida ve más allá de lo que sus egoístas ojos le permiten? ¿Por qué tratáis de engañaros? ¿Qué es para ti la codicia…? ¿Qué es…? ¿Has valorado alguna vez el tierno abrazo de una madre? ¿Acaso alguien se ha preguntado cuánto vale un atardecer?  ¿Crees en Dios muchacho?-

Sabía que había llegado la hora, no quedaba tiempo ni para contestar a las preguntas que el maestro, así debía de llamarle…. Había lanzado hacia mí con la ira del mismo infierno…

-Tengo algo que decir- Desafié

-¿Y bien?- contestó sorprendido

-Jamás he querido una segunda oportunidad, el miedo no me lo permitiría, ni tan si quiera se si la merezco, he engañado como humano que soy, o como dejaré de serlo para mi nueva eternidad… Nunca creí en Dios, puesto que osó en arrebatarme el amor más grande que he sentido como mortal, con todo esto, Dios ampare a mi madre…-

El silencio fue testigo de un cruce de miradas desafiantes, la mía sentía la extremada capa del miedo limpiando una cobarde lágrima que resbalaba sobre mis mejillas…

Agaché la cabeza y saqué del bolsillo la foto de mi amada, la apreté contra el pecho y grité lo que me quedaba de vida…

-¡¡¡Lo siento mi amor, Dios te bendiga…!!!-

-Es la hora…- Concluyó el maestro…”

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