Halloween… Y por qué no

En la década de los setenta, el crítico americano Arthur Danto alertó sobre el momento que atravesaba el arte, a través de su libro “Después del fin del arte”, pronosticaba el agotamiento artístico que sufría el talento. La inspiración no necesariamente topaba con el final de un ciclo, pero sí mantenía una base lineal, sin nuevas tendencias o ideas… El arte estaba fatigado.
Presionadas las líneas artísticas, los críticos sacudían con una nueva y profunda reflexión: ¿Por qué debía ser arte? Todo enlazaba directamente con la cultura, puesto que nuestras raíces y aprendizajes son la base de la creación.
Pero ¿qué entendemos cómo arte?
Todo, absolutamente todo. Creación, ideas, pensamientos plasmados, un poema, una fotografía… La cultura en sí es un arte, es el diamante sin pulir. Respetar nuevas tendencias hace que valoremos con más fuerza lo vetusto. El valor de lo antiguo moldea lo moderno.
El arte cultural que significa Halloween debe ser entendido como tal. No voy extenderme textualmente en explicar la afinidad de la brujería en los celtas y anglosajones con el día de todos los santos tras la inclusión del cristianismo.
Como español que soy, pero sobre todo como humano, y partiendo de la base de que Halloween es un arte cultural Británico que cruzó el océano en busca de un nuevo mundo… A día de hoy, en pleno Siglo XXI, me cuesta entender el rechazo a esta fiesta, sobre todo cuando nos manifestamos y pronunciamos en contra de las fronteras sociales y culturales. Cuando entonamos la voz en favor del inmigrante. Es curioso rechazar una cultura, un arte, un ideal, más si cabe siendo andaluz, un pueblo que emigró en busca de nuevas oportunidades, un pueblo que cambió de país por morder el pan alemán (entre otros). El Andaluz, una sangre que brota de un sinfín de mezclas culturales, todas y cada una de ellas con un arte diferente, mestizo, como la fusión del flamenco.
Es paradójico rechazar una aportación cultural, sobre todo si vestimos ropa de importación americana, bebemos una bebida estadounidense, o soñamos con pisar la Quinta Avenida.
Pero no hace falta mirar hacia el Oeste del mapa, en nuestra tierra, conviven entre tantas otras, dos artes culturales por excelencia. El carnaval y la Semana Santa. Paradójicamente ninguna por separado tiene significado sin la otra. Pero muchos se empeñan en cruzar las espadas culturales… Incomprensible. Por desgracia la política tiene importantes connotaciones dentro de ambas celebraciones.
A día de hoy, el progreso ha fijado las bases de una sociedad que evolucionó con la aparición del espectador en la cultura y el arte, una sociedad que necesita nuevas opiniones e ideas contradictorias para enriquecer a todos por igual. Ricos y pobres, altos y bajos… Personas diferentes, al fin y al cabo. Todos tienen su espacio artístico y cultural dentro de nuesrto país. Porque gracias a ellos, y a las nuevas aportaciones culturales, el arte no está cansado, ni agotado… Halloween… ¿Y por qué no?
 
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