Suspira…

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Un suspiro, con eso comienza de nuevo esta batalla, otra vez desahogando mis pensamientos, otra vez pensando en ti, otra vez tú y otra vez yo…

Vuelvo a suspirar y sonrío, -sé que volveremos a vernos- confío. Y así vuelvo a sonreír, me paro y pienso aferrado a ese trocito que tengo tuyo, a ese trocito que me regalas, que te robo.

Ya no sé ni cuantas veces me perdí en tu cuerpo, en cada curva, pensando que eras mía y sintiendo que era tuyo. Deambulé por cada trozo que las palmas de mis manos se atrevían a desafiar en tu piel, –ya no cuento las veces– Pienso. Ahora quiero olvidarme de todas, para convertirlas en monotonía, mías, siempre mías… Así mis emociones, cada noche, esperaran al calorcillo de la costumbre, de tu cuerpo, de tus manos, de tus labios, de tus ojos, de tu piel…, de ti.

Paro y me relajo, vuelvo a suspirar, mientras resbala entre mis piernas los versos del maestro Neruda “Puedo escribir los versos más tristes esta noche… Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise…”

-Eso no pasará, esta historia es diferente…- Susurro.

Hay tantas preguntas en el aire… Pero ¿Por qué no las planteamos? ¿Verdaderamente hay alguien más? ¿Es tan grande la magia de esta historia que consigue eclipsar la vida misma, y el paso del tiempo? ¿Por qué existe magia entre los dos? ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar? ¿Hay límites? ¿Eres capaz de separar nuestras almas, nuestra piel? ¿Te atreves a mirarme a los ojos para decir … Adiós?

Procuro enfocar tus pensamientos, y me nublo cuando traslado estas preguntas a tus respuestas. Me obligo a contestarlas, y quizás el valor de afrontar la situación de esta manera sea más grande que todas y cada una de las respuestas posibles…

Somos valientes, pienso que somos valientes, pero cobardes a la vez, yo por no marcharme, y tú por dejarme ir, aunque al final ninguno de los dos tomamos esa salida, es como la fuerza y cobardía de un suicida, capaz de apuntarse a la sien, y no de afrontar el problema que le arrastra a quitarse la vida…

Todo está de nuestra parte, parece, ahora sí, que el destino conspira en favor nuestra, que esta vez nos ha guiñado un ojo… ¿O quizás no?

También existe el tiempo… Ese no conoce favores, solamente obliga a tomar decisiones, obliga, no cede, no entiende de sentimientos, ni de absurdos porqué. El tiempo corre, igual que se para cuando me cruzas una mirada o se acelera cuando no estás a mi lado…

Tengo miedo, y lo peor de todo, es que necesito tus brazos para afrontar el mismo, para  abrigarme, para respaldarme, para sentir el valor necesario de afrontar los días, ¡qué ambiguo es todo… ¡Pero te necesito!

Quizás no me entiendas, pero solo tengo el deseo de verte, de cruzarme con algo que me recuerde a ti, por mucho que después pueda dolerme volver a pederte de vista. En ese momento solo desearé e iniciaré la cuenta atrás para que eso vuelva a suceder.

Porque me da vida, me da aliento… Me hace ser mejor persona, feliz…

Si supieras cuántas veces empecé de nuevo. Hice lo posible e imposible por y para continuar, y probablemente habrá muchas personas que merezcan la pena por el mundo, la cuestión es que en ese universo ya no estarás tu… ¡Y eso lo detesto!

¿Y aún no lo entiendes…? Suspira, solo suspira, y entenderás cuánto cuesta  un suspiro sin mi presencia…

                                        José Carlos Valverde Sánchez Diciembre 2009

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