Buscandote durante ocho meses… Memorias de un Elegido (Carnaval 2010) 4ª parte de 5

 

 

 

 

 

 

 

Pasodoble principal “Los Elegidos”

“Estúpido mortal…

 Amor por alma, ¿El valor de tu vida?

 La sonrisa y su forma de hablar

 Son la fruta prohibida.

 Y en su cruel elegancia mostró

 Los restos malditos de mi alma.

 A su izquierda sentado estaré

 Eterno sea el don de mi calma.

 Maestro, el alma he vendido…

 Sonriendo a mi oído susurra:

 “Es tarde elegido”

 Y pasan los siglos, y no siento el calor

 La belleza que forja el amor

 Tan puro el sentir que he perdido

 Salvar a mi amada,

 Y ser elegido…

 Y aunque el mal pagará  

 Esta sed no saciará         

 Al resguardo del diablo me cobijo   

 Y esta puta sociedad         

 De personas sin piedad    

 Cambiaré su perdón por castigo

 Me enamoré de otra vida

 De otra realidad

 Y aunque muerto, al amor agradeceré

 Que en otra vida yo llegué a tocar el cielo…

 Y aunque por ti, lancé mi vida a lo prohibido

 Mi amor, inmortal…

 Se estremece en mi recuerdo

 Y hace sentirme como el más vivo”

¿Y todo por amor…?

 

“Recuperé la verticalidad mientras me debatía entre el polvo y la niebla de aquella mañana, aún estaba turbado, mareado, inquieto, casi no era dueño de mis movimientos, mi cuerpo totalmente desnudo, era frío como el hielo y mostraba un color blanquecino, era extraño, pero en unos segundos aquella sensación incómoda y perturbadora fue dando lugar a una paz y sosiego anteriormente desconocidas para mí, una calma indescriptible. Sabía que mi cuerpo había cruzado el umbral de la muerte, y el mero hecho de pensarlo me estremecía considerablemente.

Acaricié mi cara cuidadosamente en busca de alguna herida  cuando de pronto percibí el incómodo sonido de una carcajada, inconscientemente sabía de quién se trataba…

-¿Sabes el precio exacto de una vida? ¿Cuánto vale respirar? Una oportunidad… ¿Desprecias el poder que tus pasos puedan otorgarle a tu espíritu durante el breve instante que te otorga Dios en este mundo? ¿Y todo por eso que los mortales llamáis… Amor? Maldito estúpido…– Ironizó el maestro.

-El amor no conoce fronteras, ni Dios ni tan siquiera usted maestro, pueden frenar ni desmoronar los sentimientos que he guardado como mortal, y que llevaré lastrado a mi sombra para el resto de la inmortalidad que me ha sido concedida. Es algo que ni el infierno será capaz de calcinar con su ira.

Observa– dijo el diablo mientras mostraba en la palma de su mano una especie de bolsa pequeña. Desató el fino cordón de plata que apretaba la parte superior de la bolsa. Su elegancia era sublime, sus movimientos y palabras contenían la expresividad más delicada y sensual que había conocido antes en un hombre. Tanto fue así que llegué a sentirme protegido, arropado, seguro…

Un olor desagradable emanaba del interior. Tras controlar mis impulsos por vomitar, curioseé hasta donde pude el interior de la bolsa, pero todo fue en vano, hasta que el maestro dejó caer la tela sobre su delicada y blanquecina mano.

Un color rojizo carbonizado era su contenido. -¿Sabes que es esto?- Preguntó

Atónito no supe qué contestar, “su sonrisa y su forma de hablar son la fruta prohibida…” el color que escondía su sonrisa era aterrador, y el miedo silenció todas mis preguntas.

-Son tus recuerdos, tu pasado, los restos de tu corazón, es tu maldita alma Elegido- “Y en su cruel elegancia mostró los restos malditos de mi alma”

Mientras arrojaba al vacío mi vida calcinada, no pude contener el equilibrio y caí de bruces a los pies del maestro.

-¡Elegiste el camino! El amor es fugaz muchacho, mientras tú ardes en el infierno y vagas bajo mis órdenes, ella encontrará un nuevo amor. Renunciaste a la oportunidad de vivir, ella solo perdió un amor, tú en cambio, perdiste tus recuerdos, tu familia, tu tiempo… Despídete del sol, de sentir, del amor, despídete de tu vida…

Levanté mi cabeza y de rodillas contemplé entre lágrimas como el viento alejaba los últimos restos de mi alma convertida en polvo. Mientras él se alejaba de mí, cavé con mis propias manos en busca del último tesoro que recordaba mi mortalidad. Cuando de pronto un fuerte ruido me desorientó nuevamente.

-Contempla Elegido tu trono inmortal…- Gritó

Me limpié las lágrimas y volví a alzar la vista, observé a mi mentor con los brazos abiertos sosteniendo en su mano derecha  un bastón plateado, mientras golpeaba constantemente  el terreno,  advertí que  el suelo iba calcinándose y convirtiéndose en fuego, me apresuré para rescatar de la tierra mi preciado tesoro, cuando de repente sentí un enorme estallido… Mi cuerpo flotó durante unos segundos por el aire, la mezcla entre polvo, niebla y humo hizo que perdiera nuevamente el conocimiento.

Tras unos minutos recuperé la conciencia. La imagen era desoladora, un paisaje devastador custodiado en su totalidad por trozos de piedra esculpida y calcinada con formas extravagantes. En la oscuridad más profunda del panorama contemplé a lo lejos una especie de hoguera. Me arrastré por el maltrecho suelo sacando las últimas fuerzas que me quedaban  hasta llegar a la hoguera,  al acercarme  examiné la perspectiva, en el interior de la lumbre posaba un altar escoltado a los laterales por dos tronos calcinados, forjados con trozos de hueso y plata.

-Bienvenido, Elegido. Este es tu reino, sitúate a mi izquierda, el lugar donde reside la oscuridad, el lugar del  errante, tu nuevo hogar.

-¿Aún no tienes suficiente? ¿Hasta dónde quieres hacerme sufrir? ¿Es que no basta con la oscuridad? Quizás…

-¡Basta!- Gritó. Tus plegarias son en vano muchacho, aquí no hay nada, solo dolor, no malgastes tu tiempo en estremecer lo que no siente, ya no existen los pálpitos ni los rezos, desde ahora eres mi siervo, y velaremos por conservar y alimentar a este mundo de oscuridad y dolor, hay espacios que necesitan esas almas, y almas que requieren de este espacio.-Dijo sonriendo.

“Y aunque el mal pagará,

Esta sed no saciará         

Al resguardo del diablo me cobijo   

Y esta puta sociedad  

De personas sin piedad    

Cambiaré su perdón por castigo”

-Ah, disfruta de tu último privilegio…- formuló mientras arrojaba un trozo de papel al aire.

Me apresuré para recogerlo, sabía perfectamente de lo que se trataba. Era la foto de mi amada. El tesoro inmortal que traté de desenterrar en vano. Lo apreté contra mi pecho y entre lágrimas saqué el valor para gritar con toda mi rabia.

-¡Maestro! Todo este cementerio de oscuridad, de dolor, de fuego… Toda esta oda de ultratumba que ha construido en su inmortalidad. Se hace pequeño y banal cuando contemplo  durante un instante la belleza retratada  del amor. Ella, era mi amada, y aunque yo ya no pertenezca a su mundo, aunque no vuelva a ver su aventurada sonrisa bajo las tardes primaverales, aunque de otra mano pasee su amor y felicidad, el simple hecho de saber cuánto nos amamos, hace que mi muerte merezca la pena, por eso el amor es tan grande y es capaz de desafiarle, por eso todavía y desde el infierno siento vivo y latiendo mi corazón…

El diablo se detuvo a lo lejos, desplazó de su espalda su larga capa negra, volvió la cabeza y con una sonrisa dió la razón a este Estúpido Mortal para toda la eternidad…

“…Y aunque muerto, al amor agradeceré

 Que en otra vida yo llegué a tocar el cielo…

 Y aunque por ti, lancé mi vida a lo prohibido

 Mi amor, inmortal…

 Se estremece en mi recuerdo

 Y hace sentirme como el más vivo”

José Carlos Valverde noviembre 2012

Adjunto pasodoble versión demo de la comparsa “Los Elegidos”

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