La dama del desamor. Capítulo 2

hada-blanco-negro1-“Es una broma, no es posible…”- pensó sorprendida.

Dobló el sobre con suma delicadeza y lo guardó en el bolsillo trasero del pantalón. Estaba emocionada, inquieta, triste y alegre a la vez. Era una sensación indescriptible. Estaba atacada, pensó en gritar, saltar, correr, incluso romper la carta como castigo a todos los años que había pasado esperando este momento.

-Tengo que hablar con mamá- Musitó en voz baja. Sacó la llave de su bolsillo nuevamente, pero como un grito a la conciencia volvió a recordar las palabras anteriormente leídas. “…Mamá no me permitiría verte, por eso esta será nuestra vía de comunicación. Nuestro fiel secreto. Cuando quieras saber de mí, escríbeme, no temas ni dudes.
Solo recuerda el seudónimo Suri’te…”

-Suri´te… Qué locura.-  Suspiró.

Volvió a enfundarse a la oreja su mp3, y aunque era incapaz de concentrarse escuchando música intentó hacer un esfuerzo por evadirse del momento, necesitaba entender qué estaba sucediendo, disfrutar de lo acontecido…

Llegó a los aledaños del Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, los barrenderos hacían su trabajo recogiendo los restos de basura que la parranda nocturna había hecho brotar.  Caminaba aislada del mundo, flotando, como si el tiempo no marcase sus pautas vitales. Hasta que inesperadamente rompió su timidez cuando uno de los trabajadores le brindó los buenos días.

-Buenos días.-  Contestó mientras apartaba los auriculares de sus oídos.

-Menudo viernes de movida, ¿Todavía sobrevives a la noche jovencita?- Preguntó  el barrendero mientras arrojaba la basura al contenedor del camión

-No, yo he madrugado, no me van mucho las movidas.-  Contestó sonriendo sin detenerse.

-Bueno mujer, si tú lo dices, te creeré… Esta juventud no hay quien la entienda ¿eh Guillermo?- Contestó mientras despedía con la mano a India que ya caminaba a lo lejos.

Tras devolver el adiós, India aceleró el paso,  esperó el turno que otorgaba el semáforo y se adentró en la avenida Eduardo Dato.  Suspiró de felicidad mientras observaba una pareja de adolescentes despedirse a las puertas de un bloque de pisos. Por primera vez no sintió tristeza, no necesitaba aquel amor, necesitaba el cariño de un padre, de su padre, y misteriosamente lo había encontrado aquella mañana.

-Suri´te- Volvió a repetir.

Cruzó la calle y rodeó Los Jardines de Murillo, respiró profundamente con la intención de mezclar su felicidad entre el aroma primaveral, quería anclar el momento sobre aquel parque sevillano. El aire suave del mes de marzo le hacía volar hacia otro planeta, el perfume que solo Sevilla podía traer al comienzo de la primavera era encantador.

Continuó caminando sin saber su destino, solo quería gozar de aquella maravillosa mañana llena de vida, de oportunidades, pero también de dudas. En ese instante tuvo miedo. ¿Qué diría mamá? Sabía que no bastaría una simple carta ni la magia de las hadas para reconstruir diecinueve años de soledad.  Suspiró profundamente y quiso desaparecer, el cúmulo de sensaciones contradictorias en escasos segundos era insostenible.

De nuevo luchó por evadirse de sus pensamientos. Pero era su momento, la posibilidad de conectar con su pasado le producía un fuerte cosquilleo en el estómago, el premio a sus años de angustia oculta tenía su recompensa justo cuando estaba a punto de renunciar. Era una oportunidad única e inigualable para ella   -“…Y por qué no…  Para mamá”- Pensó

La mañana sacó a rodar su alfombra rosada desde sus adentros,  el amanecer pululaba en el horizonte jugando entre las gotas de rocío que arrastraba el alba. India caminaba a los pies de la Catedral, la leve brisa primaveral saltaba por el tejado haciendo crujir las cornisas del templo.

El ruido constante de persianas estiradas daba la alarma a la mañana, los comercios tomaban la delantera a los tenues y primitivos rayos del día.

Se acercó al primer bar que llamó su atención, el indicativo luminoso custodiaba la fachada con intermitencia… starmorning coffee. Se adentró hacia la barra del bar y observó el muestrario de dulces, bizcochos, tartas, empanadas… La variedad era inmensa.

-Buenos días señorita, ¿Qué desea tomar?- Irrumpió el joven camarero secándose las manos.

India despertó de su corto y endulzado sueño pastelero, de un sobresalto levantó rápidamente la cabeza y miró al camarero. De pronto sus ojos se abrieron con espanto, ¡era increíble! ¡No podía ser cierto…! Su alma se escapó del universo, su corazón latía como una locomotora desbocada, permaneció durante unos segundos con la mirada clavada en el cartel que velaba sobre la pared del local. No podía creerlo…

-Perdón ¿Te ocurre algo? ¿Estás bien? ¡Eooo!- Insistió saludando a escasos centímetros de la cara de India.

– Ah! Eh… Mmm Si, si, perdón tengo que irme, adiós…- Dijo cogiendo un folleto que había sobre el mostrador.

– Pégame un tiro el día que esté así de fumado tío.- Comentó a su compañero mientras observaba tras el cristal la estampida de India.

Corrió apresuradamente, casi llegó a caerse al tropezar en los railes del tranvía. Mientras recuperaba totalmente la verticalidad pensó ser un pájaro para levantar los pies del suelo y desplegar sus alas desafiando al viento, su alma y su corazón no acompañaban los impulsos mecánicos que su cerebro ordenaba a las piernas. Era vital  llegar a casa cuanto antes.

Mientras tomaba la esquina se detuvo para guardar el impreso con delicadeza y asegurarse que estaría a buen recaudo. Fue entonces cuando apartada del Starmorning coffee  y apoyada sobre la pared del Hotel Alfonso XIII volvió a desafiar  su valor leyendo nuevamente el folleto…

“EL BAILE DE LAS HADAS…” De Suri’te

Todo deseo estancado es un veneno

Una noche mágica e irrepetible…

¿Tienes un deseo…? Domingos a partir de las 18:00

Starmorning Cofee

Av de la Constitución 56. Sevilla.

Licencia:
Creative Commons: 
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