“La dama del desamor” Capítulo 4

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India se detuvo, enarcó sus cejas y evaluó la situación, observó el interior incrédula, con desesperación y valoró con todo detenimiento lo que ocurría… -¿Qué demonios…?

Entró de nuevo en casa con la sensación de haber perdido la batalla. ¿Qué significaba aquello? ¿Por qué no había contestado? ¿Dónde estaba su carta? ¿Qué debía hacer, custodiar el buzón para siempre?

Como de costumbre las dudas pululaban dentro de su imaginación. La situación era extraña, aunque su exigencia personal le ahogaba más que de costumbre.

Se acercó a la cocina, abrió la nevera y cogió una manzana. Se aproximó hacia el salón y tomó asiento.

-¿Otro día más pegada al televisor?- Preguntó Teresa desde la escalera.

-No, no. Solo me he sentado un segundo.

-¿Tienes alguna tarea para el instituto Petite?

-Sí, tengo que realizar varias oraciones gramaticales y terminar un ejercicio de geografía, en cinco minutos subo al cuarto.

-No te preocupes, podemos preparar algo para almorzar y después de comer si quieres te ayudo con los ejercicios. Es el fin de semana para las chicas ¿Recuerdas?- Preguntó guiñándole un ojo.

-Ehhh… Mmmmm. No mamá, ehhh sobre las cinco tengo que ir a mmm… Cosas de chicas, ya sabes…- Dijo titubeando entre nervios. -Además, lo primero es lo primero, hay que cumplir con las obligaciones. Acuérdate lo que me ocurrió en cuarto curso.- Zanjó ruborizada.

-Qué previsible y chantajista eres cuando te conviene.- Contestó Teresa sonriendo. –Estás tartamudeando… ¿Qué estás planeando?

-Cosas de chicas ya te lo he dicho mamá…- Repitió.

-Está bien, confío en ti, pero… Acuérdate lo que… ¡Nos! Pasó en cuarto curso.- Contestó recalcándose mientras miraba a India fijamente.

Aquel recuerdo de cuarto significó el inicio en la crisis personal de India, el destape de sus complejos. Y su primer y único fracaso escolar hasta la fecha. Aunque había aprendido a vivir con sus carencias personales y paternales, para Teresa ese año fue diferente. Observó un cambio en la personalidad de su hija, una reclusión social y personal. Se aisló de su entorno y renunció a su propia vida. Tras varias terapias psicológicas, el terapeuta le informó sobre su falta de identidad, su vacío paternal y sus terribles complejos físicos.

Todo cambió a partir de aquel día, y recuperar la felicidad de su hija era más importante que su propia vida. El problema de Teresa, era el de siempre. Su miedo al pasado…

Finalmente prepararon la comida juntas. Mientras India colocaba el mantel y los cubiertos, Teresa calentó el caldo de pescado. Luego aliñó la ensalada y con la ayuda de su hija apartó la fritura de pollo de la sartén.

Mientras almorzaban chismorrearon sobre las historietas del instituto, exámenes y excursiones venideras. Poco a poco India fue apaciguando su decepción por la carta. “Seguro que obtengo respuesta esta noche…”- Pensó ilusionada. Pero manejar “El Baile de las hadas…” Era prácticamente imposible.

Tras recoger la mesa y fregar los platos sucios, subió al dormitorio para terminar los ejercicios. Se sentó en la cama y miró el reloj. –Que poco falta, no sé si podré aguantar, espero que mamá me perdone por las tareas del instituto…- Susurró al ver las cuatro de la tarde.

Se levantó con decisión y abrió la puerta del armario. Eligió unos pantalones vaqueros. “Así oculto mis piernas”- Pensó para estar segura. Abrió el cajón de la cómoda, eligió una camisa color blanca con adornos de encaje. Y cogió de la percha una cazadora vaquera.

Tras cepillarse los dientes se maquilló con mesura, quería estar inmejorable. Volvió de puntillas hacia su habitación para no hacer ruido y revisó sus bolsillos. –Teléfono, llaves, dinero, y lo más importante… “El baile de las hadas” la tarjeta invitación podía servir de algo.

Al bajar las escaleras observó la puerta abierta del despacho, se paró y miró hacia el escritorio.

-Vuelvo enseguida mamá.

-¿Has terminado las tareas? –Preguntó apartando las gafas de sus ojos.

-Sí, si… No era tanto.- Zanjó con disimulo mientras caminaba hacia la puerta.

-Que te diviertas Petite.

Au revoir. Contestó India desde el jardín de la entrada.

Caminó durante treinta minutos dejando atrás Eduardo Dato, llegó al Prado y cogió el tranvía. La dirección era Avenida de la Constitución. Las paradas se hacían eternas, no era capaz de contar las veces que había mirado el reloj… Finalmente llegó a su destino.

Trató de controlar los nervios, quería mantener la mente en blanco y dejarse llevar, respiró hondo y se acercó al Starmorning coffee…

El bar estaba a rebosar, había clientes en la terraza y una especie de carpa cubría las mesas del exterior. Era un ambiente increíble, inigualable, único…  Se adentró emocionada y con temor hacia el interior. Observó a más personas apoyadas sobre la barra, la muchedumbre había taponado el recuerdo pastelero de India. Había carteles por todo el local anunciando el evento, y dos antorchas recubiertas de sábanas azules daban la tenue luz que necesitaba la ceremonia.

Prosiguió hacia el fondo del bar, donde quedó impresionada por el atrezo. El bar se ensanchaba al llegar al final, como una especie de bóveda. Numerosas sillas desordenadas en forma de círculo gigante bajo un techo de sábanas blancas y antorchas azules. En el interior del mismo, había un pequeño escenario con una urna de cristal y un micrófono.

Quedó impresionada, volvió a mirar su reloj y observó que pasaban las seis y cuarto de la tarde, se acercó a la barra con dificultad,

-Buenas tardes… ¡Oye tú eras la chica de…! Perdón, ¿Qué te pongo?

-Hola, ¿A qué hora empieza “El Baile de las hadas”?- Preguntó con rubor.

-En unos minutos notarás como los clientes bajan el tono de su voz, escucharás una suave música y entenderás que ha comenzado…- Terminó sonriendo.

India se armó de valor y devolvió la sonrisa a aquel chico. –Pensarás que estoy loca, ¿verdad? Eras tú quien me atendió ¿no es así?-

-No es habitual que un cliente venga tan fumado…

-Estás equivocado, no me conoces, tengo motivos para actuar así. Lo siento si te hice perder el tiempo.

-Disculpa si te he ofendido, estaba de broma. ¿Cómo te llamas?- Preguntó intrigado.

-India, ¿Y tú?

-Nacho, encantado.- Dijo mientras cogía la bandeja de los vasos. –Discúlpame, voy a recoger las mesas, espero que te diviertas…

-Igualmente, gracias. –

-¡Oye! Mmmm… ¿Te veo en el descanso?- Comentó sonriendo mientras recogía las mesas.

Un cosquilleo recorrió el estómago de India, era la primera vez que un chico le pedía algo más que los ejercicios de clase. Tras unos segundos de bloqueo accedió asintiendo la cabeza sonrojada.

Se acercó hacia la “bóveda” interior y tomó uno de los pocos asientos que quedaban libres. Quitó el sonido a su móvil y se preparó impaciente para el espectáculo.

-Espero que te guste el cóctel de la casa, lo he preparado especialmente para ti.- Dijo Nacho sorprendiendo por la espalda. India se volvió fascinada, y aceptó la invitación con total complicidad.

-Gracias, no lo esperaba…- Contestó apoyando la copa sobre sus piernas.

De pronto un zumbido silenció la sala de golpe. La iluminación bajó suavemente, dando el poder de la luz a las antorchas que colgaban del techo. Seguidamente una melodía espiritual y relajante fue emanando y ambientando la situación. Sutil, pegadiza, llevadera…

Suri´te, suri´te…- Tarareaban melódicamente unas hadas.

Aquellos ángeles azules aparecieron de la nada, no paraban de “Revolotear” por entre los invitados, haciendo continuos aspavientos con sus brazos recubiertos de plumaje azul, tarareando una y otra vez aquella melodía… “Suri´te, suri´te, suri´te…”

Al cabo de unos minutos se detuvo la música, un foco de luz intenso se centró en el escenario… -Dios mío.- susurró India.

Apareció un caballero alto y corpulento, con barba de tres días y pelo largo, oscuro y encrespado. Vestía una especie de túnica blanca con cinturón Celeste. Por su atractivo aspecto podría aparentar unos cuarenta años de edad. Sus pasos denotaban seguridad y elegancia mientras se acercaba al micrófono portando la urna.

-Bienvenidos al “Baile de las hadas” ¿Tenéis un deseo…?- Gritó mientras pedía con su mano izquierda que subiera la música.

El ambiente era total, las hechiceras de Suri´te, empezaron a danzar de nuevo, esta vez repartiendo entre los asistentes unas cuartillas de color azul junto a un lazo que portaba un lápiz. India tomó el suyo, observó el papel “La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo…” El lema llamó especialmente su atención. –“Soy aventurera, pero no sé hasta qué punto cuerda…”– Pensó bromeando.

-Amigos de las hadas, de la magia, del anhelo…- Retumbó una voz. –Soy el mago suri´te, y ésta,  es la noche de los sueños… – Dijo mientras abría sus brazos. –Podéis escribid en las cuartillas vuestro sueño, vuestra pasión… ¡vuestro deseo! Las hadas harán el resto.-

El ilusionista agachó la cabeza, el foco se apagó y subió la música. Las hadas se acercaron al escenario y recogieron la urna.

El corazón de India se aceleró, el nerviosismo se apoderó de ella. ¿Existía algún deseo más grande que la identidad de su padre? –“Conocer a papá.”- Escribió con firmeza. Dobló el papel y esperó que llegar su turno.

-¿Ya tienes tu deseo cariño?- Susurró una voz a su espalda.

-Sí, pero tengo una duda, ¿Dónde escribo mi nombre? Preguntó India mirando sorprendida a la hada.

-No tienes que preocuparte chiquilla. Es magia…- Contestó sonriendo.

Al cabo de media hora todo el mundo depositó sus papeletas en la urna. Una voz irrumpió nuevamente el evento…

-Sorprender a Sofía por su cumpleaños…- Anunció Suri´te.

De pronto un rumor se fue apoderando de la sala.  Las risas se repartían en la zona delantera del local. La luz se centró en una chica que no podía salir de su asombro.

La música volvió a sonar, las hadas en su angelical danza fueron acercándose sutilmente hacia ella. Tomaron su mano y revoloteando como pájaros alrededor de  su nido fueron aproximando la chica hacia el escenario.

-Raquel…- Dijo el mago.

Tras pronunciar el nombre, la luz tomó otra dirección de la sala. Las hadas volvieron a danzar hacia otra zona, tomando la mano de aquella chica.

-Alejandra…-Volvió a pronunciar. Ocurriendo exactamente lo mismo.

Así continuaron varios nombres de chicas y algún que otro chico, todos en el escenario abrazaban y besaban a una emocionada Sofía que trataba de limpiar con disimulo sus lágrimas. Era su cumpleaños, y el deseo unánime de sus amigos había sido sorprenderla.

-Ha sido un año duro, lo sé amiga Sofía. Tus amigos están aquí para apoyarte en el día de tu cumpleaños… ¿Crees en la magia?- Gritó Suri´te mientras alzaba sus brazos haciendo bajar del techo una pancarta. “FELIZ CUMPLEAÑOS SOFÍA… ¡TODO IRÁ BIEN!”

De nuevo se fundieron en un abrazo, las hadas volvieron a danzar en círculo sobre el escenario, alrededor de la reunión. Disimuladamente el mago cogió la urna y abandonó las tablas, dando el protagonismo al grupo.

Al cabo de unos minutos la normalidad volvió al bar, la luz devolvió la realidad al  Starmorning coffee, el descanso había llegado.

India se levantó de la silla conmovida por el espectáculo, se dirigió a la barra titubeante y con disimulo.

-¿Te has acordado?- Preguntó desde el mostrador Nacho.

-He venido a devolver la copa…- Bromeó.

-Me la tenías guardada por la broma del sábado…- Contestó al ver la cara de India.

-¿Qué te ha parecido la primera parte de la función?

-Me ha encantado, no tengo palabras.- Comentó emocionada. -¿Conoces al mago Suri´te?

-Te mola ¿verdad?- Bromeó mientras servía una cerveza.

-No, solo me gustaría conocer su nombre, es importante.- insistió India.

-Lo tienes justo detrás de ti…

-Hola Petite.– Susurró una voz a su espalda.

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