Allá donde estés… ¿Cómo te cuento que voy a ser padre?

embarazo¿Cómo es tu nuevo hogar? ¿Tienes frío? Dime una cosa: ¿Existe el tiempo donde te encuentras? ¿Te acuerdas de nosotros? ¿Sabes que aquel pasillo estampado de azulejos y recuerdos sigue impregnado por tu olor? Es como si tus pasos hubieran sellado la galería. Y eso me gusta. Sé que tu aroma nos unirá, y siempre tendré que esperarte…

En realidad creo que jamás te fuiste, aunque trato de imaginar que te escondes, acurrucada, envuelta en tu viejo batín, el de andar por casa… Ese ataviado de remiendos y que te transformaba en abuela.

Todavía me emociono al comprobar que recibes cartas, las dejamos sobre el cajón de tu máquina de coser. (Al pasar me pregunto si tropezarás nuevamente con el cable de corriente…)

Evito abrir cada puerta, y acepto resignado la espera. Observo tus zapatillas rojas, tus plantas mustias, de un brillo diferente. Las paredes calladas, el frigorífico muerto, incluso tu ropa doblada…

En cambio guardo los mejores recuerdos, tu ligereza liviana, tu sonrisa impoluta, tus andares intactos, tus rodillas hinchadas, y tus últimas fotos… Esas que queman las pestañas y electrifican el alma.

Hace mucho que no hablamos. Y me aterra aceptar que ya casi olvidé el sonido de tu voz…

Dime: ¿te sientes mejor? ¿Has podido escapar de aquella cama?

Ahora que siempre es de noche para ti, ¿Llegas a rozar las estrellas? ¿Brillan mucho?

Nosotros ya no te vemos, caminamos a tientas y nunca te encontramos, y eso nos da mucho miedo, sabemos tan poco de la vida…

A veces siento que todo ha prescrito, ¡el universo es tan diferente! Hasta los batidos de fruta me saben amargos…

Ahora que el mundo está a punto de girar, esta vez de verdad, odio pensar que la aguja pequeña de tu corazón ya nunca más volverá a subir hasta las doce. Y por primera vez asumo que te fuiste. Incluso después de tu partida, esperaba que alguna parte de tu cuerpo se moviese…

Por eso quiero pedirte un nuevo favor… ¿Puedo contarte un secreto?

Aunque ahora ya no será necesario… Lo sabes, ¿verdad?

Ya imagino tu sonrisa inquieta, mientras arrugas tus ojos cansados detrás de tus gafas…

Así es, porque tú también nos premiaste… ¡A los tres!

Y tu aliento será nuestro abrazo, no hará falta ángel de la guarda, porque yo te tengo a ti, y tú me tienes a mí… ¿Por qué no bajas una madrugada y te leo mis escritos?

Cuánto te echamos de menos abuela…

Donde quiera que estés, aunque siempre estés a oscuras, danos brillo… a los tres…

Siempre tuyo…

José Carlos Valverde sánchez

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