El tercer tiempo

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A Facebook le va la guasa. Y no, no me refiero a la compra por más de veinte mil millones de euros, por parte de la red social, de la aplicación de mensajería instantánea.

Hace unos días desde la web, se les brindaba a los usuarios la oportunidad de editar su foto de perfil, mostrando, de cara a la final de Europa League, el apoyo a uno de los dos equipos finalistas del torneo menor europeo.

Y ahí entra la ironía del fútbol. La rivalidad sevillana, el arte del palabrerío, el deseo eterno de derrota hacia el histórico rival. Siempre desde el respeto, eso sí. Porque no es lo correcto, pero sí es lo normal. Y me parece sano deportivamente hablando, o al menos curioso. Sobre todo por el ratito de tertulia, entre rivales-amigos, apoyado en la barra del bar.

A estas alturas ya no me escandaliza nada. Por eso me resulta paradójico, que a la afición rival se le remueva el compromiso ético deportivo por este rutinario conflicto. Tampoco pienso que para ser buen bético, o un gran sevillista, haya que odiar al eterno rival. Pero sí me creo que a más de un seguidor verdiblanco le  recorriera una media sonrisa tras el 1-0 de Sturridge. Aunque no se esperase lo que aconteció minutos después…

La broma es el tercer tiempo del partido, y nunca debe perderse. Aunque este que aquí redacta también tiene claro que es la parte más peligrosa (pregunten a su señora si no me creen), pero la que más agradece el propietario del bar.

Pero a veces, en la historia del deporte rey sí han existido casos en los que se ha cruzado el umbral del compromiso ético profesional.  Concretamente  en el año 1997 las vacas flacas correspondieron al Sevilla FC. Un Betis-Sporting condenaba a la división de plata al bando sevillista. Los verdiblancos no se jugaban nada ante los asturianos, que estaban inmersos en la lucha por el descenso junto al Sevilla FC. Aquel partido acabó 0-1 para el Sporting, con un lamentable juego verdiblanco. El Sporting salvó la categoría.

Pero la moneda tiene dos caras, y en el año 2000, el Sevilla le devolvió la papeleta a su eterno rival. Para darle más morbo a la situación, el contrincante de Nervión era otro equipo asturiano. El Real Oviedo, que por aquel entonces también luchaba por salvar la categoría. Con un Sevilla descendido, el partido acabó 2-3 a favor de los asturianos. En un choque similar al acontecido tres años atrás, y donde la propia afición sevillista, pitaba las contras del equipo local.

En definitiva, la guasa no debe extinguirse jamás. Y más en esta Andalucía rebosante de arte, donde el doble sentido y la ironía son el carisma de nuestras raíces. Pero sobre todo por el tercer tiempo, ese donde no existe el balón y el descuento se suele prolongar demasiado. Luego, en casa, ya vendrán las sanciones del comité matrimonial.

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