-Sale el sol- (Nostalgia: 22 poemas de abril. Próximamente…)

-Sale el sol-
Hay luz, pero queda el dolor. Ya se ha marchado, ha existido un relevo. Ha cedido su espacio a la nostalgia.
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“Nostalgia: 22 poemas de abril”. Primavera 2018. ¡Booktrailer ya!

Queridos todos. Era un secreto a voces… “Nostalgia: 22 poemas de abril” será el título de mi próximo trabajo (primavera 2018). Os dejo por aquí un pequeño avance. He de decir que trabajar con Jesús Sánchez no es solo un privilegio, también es una motivación extra. Gracias por dar voz a mis palabras.
¿Me acompañáis en este nuevo viaje? Os espero en el equinoccio de la primavera, cuando el sol caliente los patios y allane el camino del hombre…

“Nostalgia: 22 poemas de abril, es una obra escrita en prosa poética. Veintidós canales que conciben la conexión existente entre los ciclos de la vida y el cambio estacional. Una dualidad sutil que proyecta el dolor y la felicidad en el camino del hombre. Desde el solsticio de invierno, al equinoccio de la primavera; desde el ocaso del individuo, hasta su elevación a la felicidad sufrida; de la oscuridad, a la luz. Ciclos e intervalos que residen en una escala ascendente de color. Con matices, olores, que irán transportando al lector en un viaje emocional, espacio-tiempo, que sitúa la tristeza y la prosperidad en los brazos del tiempo, y en el corazón del prójimo”.

“Una nota de voz” (Nostalgia: 22 poemas de abril – José Carlos Valverde. Próximamente…)

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-Una nota de voz- (Nostalgia: 22 poemas de abril. José Carlos Valverde)

“Hace mucho que no hablamos. He olvidado el sonido de tu voz. Es una sensación horrible, créeme. Los silencios impuestos no son buenos comensales. Sé que el siguiente paso será tu rostro, y me consuela saber que las fotos nunca pierden la pasión…, ni la memoria. Aún guardo las últimas, esas que queman las pestañas y electrifican el alma. Pero no las necesito. Hoy solo quiero volver a escucharte.

Imagino que el tiempo ha dejado de existir donde te encuentras y, quizá, hasta nos has olvidado. Sobre todo porque no echo en falta ninguna foto familiar y, al volar, en tu suave descuido, olvidaste cogerlas. Solo espero que en ese extraño lugar no haga demasiado frío, y puedas asomarte, cada noche, a escucharnos conversar.

A veces evito abrir las puertas de casa, y me resigno a aceptar que ya no volverás. Aunque todavía siguen aquí tus zapatillas rojas, tus plantas mustias, y hasta tu máquina de coser. Creo que todos han olvidado que te fuiste, como yo. Incluso después de tu partida esperaba que alguna parte de tu cuerpo se moviese. Pero la aguja pequeña de tu corazón ya nunca más volvió a subir hasta las doce. Esa es la única verdad de toda esta maldita historia.

Ahora, para colmo, también se ha marchado (largado) el recuerdo. Y tengo miedo de perderlo todo. Por eso prometo hacer muchas más fotos. Y, por qué no, quizá hasta podría grabar alguna nota de voz…”

“No crezcas nunca” (Nostalgia: 22 poemas de abril – José Carlos Valverde).

A esos duendecillos de la casa… Por favor, no vale crecer. Confesiones de un padre cualquiera…

“No crezcas nunca” – Nostalgia: 22 poemas de abril. José Carlos Valverde (inédito).

De veras, mi vida. Nos lo advirtieron, te lo advertí. No lo hagas. Me gusta tu fragilidad, y ese recipiente transparente de carne, nariz pequeña, pelo rebelde, y que acepta llevar calcetines blancos y diminutos cada mañana. Ocupa el espacio justo, y eso también incluye el mío. Aunque tú estires tus piernas, y yo tenga que encoger las mías. —¿Acaso necesitamos más?—. Balbucea aunque puedas hablar, nadie mejor que el espejo va a comprender que todos tus secretos no han de ser escuchados, jamás, por ese oscuro mundo exterior. Destruye de una pedrada las agujas del tiempo, deja crecer tus uñas y enfádate si alguien quiere cortarlas —¡Tú solo defiendes lo que te pertenece!—, y eso no es menos que todo. Corre bajo la lluvia, rasga tus rodillas y codos, ensucia y rompe tu ropa, sigue eligiendo a la carta, desprecia las verduras y frutas, aprieta a tu paso una mano mayor, desordena cualquier atisbo de paz, sé alérgica eternamente a las responsabilidades que te hacen cambiar de talla. Por eso prefiere siempre un baño a una ducha. Todavía el mundo te espera, pero eso no ha de importarnos. Ni tú, ni yo, queremos saberlo. Así que… no lo hagas, por favor. Pídele al tiempo una pausa constante. Toma un solo consejo. Pero haz caso a tu padre. No crezcas nunca…

“Tan tuyos, tan míos” (Nostalgia: 22 poemas de abril).

-Tan tuyos, tan míos-

“Pude despedirme sin mirarte a los ojos. No hubo complicidad, y de existir, ya no palpitaba la vida. Allí no estabas tú, tal vez tampoco asistí yo. Era el final, pero nadie quería darnos una cita. No nos hizo falta cuando rasgaste el poco aire mundano que cortaba tu cama cansada. Esa que en años atrás había reposado otra espalda. Tan tuya, y tan mía…
Al igual que el azote de la espada al viento, acercaste tu mano, aún te quedaban fuerzas. Ni el tacto del invidente reconocería tan bien la escritura. Tus arrugas, tan tuyas, tan mías, y la estructura deforme de tus dedos gastados. Fue entonces cuando el tiempo giró un paso más. Las agujas recorrieron en un segundo la madurez de un hombre que desprecia hacerse grande. Si lo llego a saber, me hubiera encogido a tiempo enojado, pensando que pasaría de largo, y nunca me iría a buscar. Y me hice mayor, porque la edad no se cuenta en intervalos de tiempo, se madura a golpe de despedida, en el recuento sellado del insondable paso del tiempo. Y fuimos los dos, mano con mano, abuelo, nieto, del principio al final, en un pacto de sangre, por aquellos recuerdos, tan tuyos, tan míos…”

“Tu nombre” (Nostalgia: 22 poemas de abril)

-Tu nombre-

“Dudé, a la postre, si bautizar mi recuerdo bajo tu nombre. No tu honroso legado heráldico, más bien el símil del que bautiza este titular, aunque ni tan siquiera merezca explicarlo. Por eso debí borrar este párrafo.
A veces respiro, -otras me asfixio-, y ahí encuentro tu nombre. En mis pasos ausentes de sombra, donde ya ni el sol relame mis hombros, ahí está tu memoria. En las risas, porque ya el llanto es perenne en la sequía de mis lágrimas; también aparece tu nombre.
En mi todo, en mi eternamente tú, en mi sangre, en las líneas de este y otro lugar, en el verso, en el verde jardín que sustituye a tus ojos, en el párrafo débil, como este, el aislado pretexto que descuelga el poeta de sus hojas vacías. Ahí reluce tu nombre…
Sin decirlo, en la ausencia de vida, en los intentos de olvido, en mí, en nosotros…
Aquí, ya siempre aquí, podrán encontrar escrito y borrado tu nombre.”

“Nostalgia: 22 poemas de abril” ¡Próximamente!

Queridos amigos, es difícil encontrar el momento para lo que voy a anunciaros. Aun siendo buenas noticias. Qué digo buenas, ¡muy buenas! Entre otras cosas porque no sabes cómo decirlo para que llegue a todo el mundo, y suene de esa forma tan maravillosa como resuena en tu cabeza.
Actualmente me encuentro trabajando en una nueva novela (ya lo anuncié hace varias semanas). Pero hace poco más de un año, comencé a escribir un poemario en prosa poética. Tenía muchas ganas de hacer algo así. Su título: “Nostalgia: 22 poemas de abril”. Pues hoy puedo anunciaros que, por fin, ese poemario ha finalizado. A falta de algunas correcciones y de cerrar el acuerdo con la editorial oportuna, mi próxima obra se acerca… ¡Estoy muy contento y feliz! No os puedo adelantar nada más. Aunque creo que ya he adelantado bastantes cosas por hoy (sonrisa).
¡Y como muestra un botón! Os dejo uno de los poemas (escrito y recitado) que irán incluidos en mi próximo trabajo.
¡Gracias a todos por vuetro apoyo, queridos!

Mariposa de luz
“Quisiera enterrar mis pies en aquellos lugares que aún no has visitado. Hacer terreno y morada de tu huida para así tropezarme contigo cuando te piense. Se arruga la distancia, si al cerrar los ojos lo que brilla no es tu ausencia. No hay pensamientos vacíos, ni fotogramas donde no pueda alcanzarte. En mi registro interior lo que palpita está lleno de matices, y así puedo tocar lo que anhelo. Una sombra en color, una mirada a estrenar, ¿una letra ilegible o un garabato inocente? Pequeño recipiente de vida que ensanchas tus alas al infinito.
Encontrarte en los auxilios que no existan. Saber y comprender, simplemente, que es sencillo respirar desde tu boca. Que sigues ahí, sin mí, pero contigo. Ya no habrá camas desechas, ni una talla diferente que planchar. Mariposa de luz, ya habrás echado a volar.
Mientras tanto no hace falta lugar, ni cama, ni recuerdo. Tu pelo sigue aquí, dibujando formas entre mis dedos. Eso me basta. Respiras… y yo no pienso.”