-Sale el sol- (Nostalgia: 22 poemas de abril. Próximamente…)

-Sale el sol-
Hay luz, pero queda el dolor. Ya se ha marchado, ha existido un relevo. Ha cedido su espacio a la nostalgia.
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“No crezcas nunca” (Nostalgia: 22 poemas de abril – José Carlos Valverde).

A esos duendecillos de la casa… Por favor, no vale crecer. Confesiones de un padre cualquiera…

“No crezcas nunca” – Nostalgia: 22 poemas de abril. José Carlos Valverde (inédito).

De veras, mi vida. Nos lo advirtieron, te lo advertí. No lo hagas. Me gusta tu fragilidad, y ese recipiente transparente de carne, nariz pequeña, pelo rebelde, y que acepta llevar calcetines blancos y diminutos cada mañana. Ocupa el espacio justo, y eso también incluye el mío. Aunque tú estires tus piernas, y yo tenga que encoger las mías. —¿Acaso necesitamos más?—. Balbucea aunque puedas hablar, nadie mejor que el espejo va a comprender que todos tus secretos no han de ser escuchados, jamás, por ese oscuro mundo exterior. Destruye de una pedrada las agujas del tiempo, deja crecer tus uñas y enfádate si alguien quiere cortarlas —¡Tú solo defiendes lo que te pertenece!—, y eso no es menos que todo. Corre bajo la lluvia, rasga tus rodillas y codos, ensucia y rompe tu ropa, sigue eligiendo a la carta, desprecia las verduras y frutas, aprieta a tu paso una mano mayor, desordena cualquier atisbo de paz, sé alérgica eternamente a las responsabilidades que te hacen cambiar de talla. Por eso prefiere siempre un baño a una ducha. Todavía el mundo te espera, pero eso no ha de importarnos. Ni tú, ni yo, queremos saberlo. Así que… no lo hagas, por favor. Pídele al tiempo una pausa constante. Toma un solo consejo. Pero haz caso a tu padre. No crezcas nunca…

“Tan tuyos, tan míos” (Nostalgia: 22 poemas de abril).

-Tan tuyos, tan míos-

“Pude despedirme sin mirarte a los ojos. No hubo complicidad, y de existir, ya no palpitaba la vida. Allí no estabas tú, tal vez tampoco asistí yo. Era el final, pero nadie quería darnos una cita. No nos hizo falta cuando rasgaste el poco aire mundano que cortaba tu cama cansada. Esa que en años atrás había reposado otra espalda. Tan tuya, y tan mía…
Al igual que el azote de la espada al viento, acercaste tu mano, aún te quedaban fuerzas. Ni el tacto del invidente reconocería tan bien la escritura. Tus arrugas, tan tuyas, tan mías, y la estructura deforme de tus dedos gastados. Fue entonces cuando el tiempo giró un paso más. Las agujas recorrieron en un segundo la madurez de un hombre que desprecia hacerse grande. Si lo llego a saber, me hubiera encogido a tiempo enojado, pensando que pasaría de largo, y nunca me iría a buscar. Y me hice mayor, porque la edad no se cuenta en intervalos de tiempo, se madura a golpe de despedida, en el recuento sellado del insondable paso del tiempo. Y fuimos los dos, mano con mano, abuelo, nieto, del principio al final, en un pacto de sangre, por aquellos recuerdos, tan tuyos, tan míos…”

“Tu nombre” (Nostalgia: 22 poemas de abril)

-Tu nombre-

“Dudé, a la postre, si bautizar mi recuerdo bajo tu nombre. No tu honroso legado heráldico, más bien el símil del que bautiza este titular, aunque ni tan siquiera merezca explicarlo. Por eso debí borrar este párrafo.
A veces respiro, -otras me asfixio-, y ahí encuentro tu nombre. En mis pasos ausentes de sombra, donde ya ni el sol relame mis hombros, ahí está tu memoria. En las risas, porque ya el llanto es perenne en la sequía de mis lágrimas; también aparece tu nombre.
En mi todo, en mi eternamente tú, en mi sangre, en las líneas de este y otro lugar, en el verso, en el verde jardín que sustituye a tus ojos, en el párrafo débil, como este, el aislado pretexto que descuelga el poeta de sus hojas vacías. Ahí reluce tu nombre…
Sin decirlo, en la ausencia de vida, en los intentos de olvido, en mí, en nosotros…
Aquí, ya siempre aquí, podrán encontrar escrito y borrado tu nombre.”