Imagenes literarias

Estos días atrás, y haciendo balance de mi humilde estancia en el panorama literario, he recopilado una serie de fotos que resumen, un poco, estos cinco años de vivencias. Os dejo por aquí una tanda de fotos y capturas de algunos de los momentos más importantes para mí. ¡Saludos!

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“Alegato impersonal”(José Carlos Valverde)

“…Acabó por tirar del mantel cuadriculado que vestía el cristal de la mesa. En un movimiento irresponsable, tan irresponsable como se atreve a vestir la niñez, Claudia se había dejado caer sobre el paño. Sus manos resbalaban y tiraban del mismo. Para ella cualquier gesto significaba una parte del juego. La vajilla se estrellaba por completo contra el suelo del comedor. El áspero sonido recorrió los pasillos del cuartel hasta llegar a la cocina, como el rumor corrompe al hombre antes que la verdad pueda sonar en su boca. Y allí estaba su madre…
Fermina no se alteró. Secó sus manos y, cabizbaja, caminó por el pasillo hasta el lugar de los hechos. Al llegar miró a su hija, se acercó, recogió los restos de cristal amontonándolos en un rincón con sus manos, y soltó el poco aire que había en sus pulmones. De nuevo volvió a mirarla, parpadeó de forma incontrolada (su tic había vuelto a ganar), miró a ambos lados, y fue entonces cuando pudo liberar, por primera vez, su alegato más cómico e impersonal…
-Ay, Señor… ¿por qué demonios no inventaron la píldora de los cinco años después?”

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Allá donde estés… ¿Cómo te cuento que voy a ser padre?

embarazo¿Cómo es tu nuevo hogar? ¿Tienes frío? Dime una cosa: ¿Existe el tiempo donde te encuentras? ¿Te acuerdas de nosotros? ¿Sabes que aquel pasillo estampado de azulejos y recuerdos sigue impregnado por tu olor? Es como si tus pasos hubieran sellado la galería. Y eso me gusta. Sé que tu aroma nos unirá, y siempre tendré que esperarte…

En realidad creo que jamás te fuiste, aunque trato de imaginar que te escondes, acurrucada, envuelta en tu viejo batín, el de andar por casa… Ese ataviado de remiendos y que te transformaba en abuela.

Todavía me emociono al comprobar que recibes cartas, las dejamos sobre el cajón de tu máquina de coser. (Al pasar me pregunto si tropezarás nuevamente con el cable de corriente…)

Evito abrir cada puerta, y acepto resignado la espera. Observo tus zapatillas rojas, tus plantas mustias, de un brillo diferente. Las paredes calladas, el frigorífico muerto, incluso tu ropa doblada…

En cambio guardo los mejores recuerdos, tu ligereza liviana, tu sonrisa impoluta, tus andares intactos, tus rodillas hinchadas, y tus últimas fotos… Esas que queman las pestañas y electrifican el alma.

Hace mucho que no hablamos. Y me aterra aceptar que ya casi olvidé el sonido de tu voz…

Dime: ¿te sientes mejor? ¿Has podido escapar de aquella cama?

Ahora que siempre es de noche para ti, ¿Llegas a rozar las estrellas? ¿Brillan mucho?

Nosotros ya no te vemos, caminamos a tientas y nunca te encontramos, y eso nos da mucho miedo, sabemos tan poco de la vida…

A veces siento que todo ha prescrito, ¡el universo es tan diferente! Hasta los batidos de fruta me saben amargos…

Ahora que el mundo está a punto de girar, esta vez de verdad, odio pensar que la aguja pequeña de tu corazón ya nunca más volverá a subir hasta las doce. Y por primera vez asumo que te fuiste. Incluso después de tu partida, esperaba que alguna parte de tu cuerpo se moviese…

Por eso quiero pedirte un nuevo favor… ¿Puedo contarte un secreto?

Aunque ahora ya no será necesario… Lo sabes, ¿verdad?

Ya imagino tu sonrisa inquieta, mientras arrugas tus ojos cansados detrás de tus gafas…

Así es, porque tú también nos premiaste… ¡A los tres!

Y tu aliento será nuestro abrazo, no hará falta ángel de la guarda, porque yo te tengo a ti, y tú me tienes a mí… ¿Por qué no bajas una madrugada y te leo mis escritos?

Cuánto te echamos de menos abuela…

Donde quiera que estés, aunque siempre estés a oscuras, danos brillo… a los tres…

Siempre tuyo…

José Carlos Valverde sánchez

¿Por qué no volví la mirada?

Vuelve la vista atrás cuando partas, cuando a tu espalda siga ese olor familiar de tus padres, de tus abuelos, de tu mejor amigo, de tu pareja…  Nunca sabes cuándo puede ser la última vez. ¿Qué te cuesta girar la cabeza y volver a sonreír?

Créeme hazlo, no te arrepentirás… Desborda con tus te quiero a las personas que han significado tanto para ti… No importa que ya lo hayas hecho. Vuelve a hacerlo siempre, nunca en la humanidad sobró algún “te quiero”.

Acaricia sus manos, besa  su frente, acurrúcate en sus piernas… ¡Ámalos! Abrázalos como si fuera la última vez y siéntelos como si de la primera se tratase.

Por eso, cuando recibas esa llamada a las tres de la mañana de un martes cualquiera, te darás cuenta que nunca sobró nada. Entenderás al colgar tu teléfono que la vanidad del tiempo siempre acorta los momentos dulces, y extiende la amargura del último instante.

Añorarás las riñas inocentes, las tardes de verano, aquellas historias tan pesadas que narraba el abuelo…  Recordarás esa calle de tu infancia, y te verás allí, la última vez que tu memoria tuvo la oportunidad de compartir algún momento con tu cuerpo. Y te preguntarás… ¿Por qué no volví la mirada una vez más?

Suspira…

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Un suspiro, con eso comienza de nuevo esta batalla, otra vez desahogando mis pensamientos, otra vez pensando en ti, otra vez tú y otra vez yo…

Vuelvo a suspirar y sonrío, -sé que volveremos a vernos- confío. Y así vuelvo a sonreír, me paro y pienso aferrado a ese trocito que tengo tuyo, a ese trocito que me regalas, que te robo.

Ya no sé ni cuantas veces me perdí en tu cuerpo, en cada curva, pensando que eras mía y sintiendo que era tuyo. Deambulé por cada trozo que las palmas de mis manos se atrevían a desafiar en tu piel, –ya no cuento las veces– Pienso. Ahora quiero olvidarme de todas, para convertirlas en monotonía, mías, siempre mías… Así mis emociones, cada noche, esperaran al calorcillo de la costumbre, de tu cuerpo, de tus manos, de tus labios, de tus ojos, de tu piel…, de ti.

Paro y me relajo, vuelvo a suspirar, mientras resbala entre mis piernas los versos del maestro Neruda “Puedo escribir los versos más tristes esta noche… Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise…”

-Eso no pasará, esta historia es diferente…- Susurro.

Hay tantas preguntas en el aire… Pero ¿Por qué no las planteamos? ¿Verdaderamente hay alguien más? ¿Es tan grande la magia de esta historia que consigue eclipsar la vida misma, y el paso del tiempo? ¿Por qué existe magia entre los dos? ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar? ¿Hay límites? ¿Eres capaz de separar nuestras almas, nuestra piel? ¿Te atreves a mirarme a los ojos para decir … Adiós?

Procuro enfocar tus pensamientos, y me nublo cuando traslado estas preguntas a tus respuestas. Me obligo a contestarlas, y quizás el valor de afrontar la situación de esta manera sea más grande que todas y cada una de las respuestas posibles…

Somos valientes, pienso que somos valientes, pero cobardes a la vez, yo por no marcharme, y tú por dejarme ir, aunque al final ninguno de los dos tomamos esa salida, es como la fuerza y cobardía de un suicida, capaz de apuntarse a la sien, y no de afrontar el problema que le arrastra a quitarse la vida…

Todo está de nuestra parte, parece, ahora sí, que el destino conspira en favor nuestra, que esta vez nos ha guiñado un ojo… ¿O quizás no?

También existe el tiempo… Ese no conoce favores, solamente obliga a tomar decisiones, obliga, no cede, no entiende de sentimientos, ni de absurdos porqué. El tiempo corre, igual que se para cuando me cruzas una mirada o se acelera cuando no estás a mi lado…

Tengo miedo, y lo peor de todo, es que necesito tus brazos para afrontar el mismo, para  abrigarme, para respaldarme, para sentir el valor necesario de afrontar los días, ¡qué ambiguo es todo… ¡Pero te necesito!

Quizás no me entiendas, pero solo tengo el deseo de verte, de cruzarme con algo que me recuerde a ti, por mucho que después pueda dolerme volver a pederte de vista. En ese momento solo desearé e iniciaré la cuenta atrás para que eso vuelva a suceder.

Porque me da vida, me da aliento… Me hace ser mejor persona, feliz…

Si supieras cuántas veces empecé de nuevo. Hice lo posible e imposible por y para continuar, y probablemente habrá muchas personas que merezcan la pena por el mundo, la cuestión es que en ese universo ya no estarás tu… ¡Y eso lo detesto!

¿Y aún no lo entiendes…? Suspira, solo suspira, y entenderás cuánto cuesta  un suspiro sin mi presencia…

                                        José Carlos Valverde Sánchez Diciembre 2009

“Nunca hubo un final” José Carlos Valverde

 

El amor si acaba bien no acaba, se niega a morir, y vuelve siempre a casa, el amor si acaba bien no acaba, insiste en luchar, no acepta el final, se logra salvar. El amor si acaba bien no acaba…

¿Pero para qué darle un final? ¿Por qué nos empeñamos en terminar lo que nunca tuvo un comienzo?

Cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, tenemos la impresión de que todo debe girar a favor de nuestro universo, a veces necesitamos ese universo, para comprender qué está pasando, para escondernos, para sentirnos abrigados, arropados cuando la marea suba, cuando el viento sopla… Como ese avestruz que mete su cabeza para plantar paradójicamente cara al miedo… O simplemente para entonar con desespero y piedad un ¡Tierra trágame!

Si tengo ese universo, es porque lo necesito, y aunque a veces algo sale mal, no sobra nada.

Ni la lluvia que tantas noches acompañó tu presencia, ni el frío, ni el viento, ni tan siquiera las noches en vela que pasé imaginando ese momento en el que se fundirían nuestros labios… Ni esos problemas a los que siempre intenté acudir, ni las dudas que tanto ensombrecen mi persona… Ni las habladurías de los cobardes, nada, no sobra nada.

Ese es mi universo, y aunque mi objetivo dentro del mismo sea comprender el amor, y aunque sufra al ver que te entregué mi corazón, veo que quienes tocaron mi alma no consiguieron despertar mi cuerpo, y aquellas que tocaron mi cuerpo no consiguieron despertar mi alma…

Tú tocaste, despertaste y moldeaste mi alma, con tus palabras, tu sonrisa, tus lágrimas, tus enojos, tu olor, tu mirada, tus abrazos, con tu tiempo… Tú, eternamente tú…

Aprendí gracias a ti, que el amor está más asociado a la ausencia que a la presencia de la persona ¡¡pero si vivo echándote de menos!! Vivo Imaginando como será la próxima vez que pueda disfrutar de tu presencia, y se me para la vida recordando cada segundo que he pasado junto a ti. Mirándote, anhelando cada parte de tu cuerpo, y mientras tú, ignorante de cuanto te decían mis ojos, pensabas que aquellas obras literarias que conocí gracias a ti, eran el motivo de cada noche, pues he de confesar que solo existía un espectador de lujo para todas y cada una de ellas, eras tú quien las leía, y tú quien escuchaba, yo solo te miraba a ti, flotando, resplandeciente, casi sin vida, egoísta de sentirte cerca, de imaginarte mía…

No me queda inspiración para decirte, ni frases que escribirte, pero hoy me he vuelto a sentar delante de mi, de mi universo, de tu sobra… Y me he planteado arropado en la misma, si realmente existía un final o un principio para toda esta historia. Y sobre todo, si los dos, estábamos dispuestos a darle un final a todo lo que está ocurriendo.

No fui capaz ni siquiera de preguntarlo con sinceridad, pues es tan grande, fuerte y puro lo que siento por ti, que ensordece mis oídos y deja mi corazón cansado…

-Estamos locos- pienso. Pero al plantear esa afirmación, me doy cuenta que es mucho más que todo eso…

Un loco es quien vive en un universo propio, una persona diferente a las demás…

Sin embargo, debes haber oído hablar de Einstein, que afirmaba que no había tiempo ni espacio, sino una fusión de ambos. O de Colón, que aseguraba que al otro lado del mar no había un abismo, sino un continente. ¡¡O de los Beatles!! Que crearon una música diferente y se vestían de manera totalmente innovadora. Todas esas personas y millares de otras, también vivían en su universo…

Yo tengo el mío, en el que cada día, cada noche, cada minuto, cada segundo acabo siempre haciendo un nuevo intento por saber de ti, incansable, incomprensible…

Porque se que todo lo que siento es real, limpio, de cristal… Mi corazón es de cristal, no guarda nada que no veas, sólo un pequeño resplandor de nuestra hoguera… ¿Lo recuerdas…?

Porque sé que la vida siempre muestra situaciones críticas para mostrar su lado brillante… Y todas las dificultades, que no son más que baches, también confortan el camino hacia ti… Porque quiero estar junto a ti, arroparte de cara al frío, tranquilizarte cuando no encuentres calma, secar cada lágrima que tan solo caerá por la alegría del momento, porque estoy seguro de todo lo que siento y el universo conspira para que pueda lograrlo. Porque nunca hubo un final, y siempre habrá un comienzo… Junto a ti.

El amor si acaba bien no acaba, se niega a morir, y vuelve siempre a casa, el amor si acaba bien no acaba, insiste en luchar, no acepta el final, se logra salvar. El amor si acaba bien no acaba…